La Luz del Evangelio — Reconciliación, Santidad y Esperanza
Introducción
El Evangelio no es una filosofía humana ni una experiencia mística pasajera: es la Luz de Dios que irrumpe en la oscuridad, abre los ojos, convierte el corazón y nos hace caminar en Verdad. La Palabra nos muestra cómo esa Luz opera: revela, reconcilia, transforma, equipa para la batalla espiritual y nos llama a una vida santa hasta el Día del Señor.
2 CORINTIOS 4:1–6
Por tanto, puesto que tenemos este Ministerio, según hemos recibido misericordia, no desfallecemos. 2 Más bien hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la Palabra de Dios, sino que, mediante la Manifestación de la Verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la Presencia de Dios.
3 Y si todavía nuestro Evangelio está velado, para los que se pierden está velado, 4 en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el Resplandor del Evangelio de la Gloria de Cristo, que es la Imagen de Dios. 5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos de ustedes por amor de Jesús. 6 Pues Dios, que dijo: «De las tinieblas Resplandecerá la Luz», es El que ha Resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la Gloria de Dios en el Rostro de Cristo.
La Luz del Evangelio no se fabrica ni se manipula: Dios mismo la enciende en el corazón por Su Palabra fiel.
JUAN 1:4–5
En Él estaba la Vida, y la Vida era la Luz de los hombres. 5 La Luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron.
La Luz es una Persona: el Mesías. Donde Cristo es anunciado con pureza, las tinieblas retroceden.
2 CORINTIOS 5:10–11
10 Porque todos nosotros debemos comparecer ante el Tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo. 11 Por tanto, conociendo el Temor del Señor, persuadimos a los hombres, pero a Dios somos manifiestos, y espero que también seamos manifiestos en las conciencias de ustedes.
La Luz trae seriedad: vivimos y proclamamos sabiendo que daremos cuentas al Señor.
2 CORINTIOS 5:17–21
17 De modo que si alguno está en Cristo, Nueva Criatura es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas. 18 Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió con Él mismo por medio de Cristo, y nos dio el Ministerio de la Reconciliación; 19 es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la Palabra de la Reconciliación. 20 Por tanto, somos Embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios! 21 Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos Justicia de Dios en Él.
La Luz no solo revela el pecado; también reconcilia y comisiona: ahora somos embajadores que suplican en nombre de Cristo.
2 CORINTIOS 6:1–3
1 Y como colaboradores con Él, también les exhortamos a no recibir en vano la Gracia de Dios; 2 pues Él dice: «En el Tiempo Propicio te escuché, y en el Día de Salvación te socorrí». Pero ahora es el Tiempo Propicio; ahora es el Día de Salvación. 3 No dando nosotros en nada motivo de tropiezo, para que el Ministerio no sea desacreditado.
La Luz urge una respuesta hoy: la Gracia que ilumina llama a obedecer sin demora.
1 JUAN 1:5–10
5 Y este es el Mensaje que hemos oído de Él y que les anunciamos: Dios es Luz, y en Él no hay ninguna tiniebla. 6 Si decimos que tenemos comunión con Él, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos La Verdad. 7 Pero si andamos en La Luz, como Él está en La Luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la Sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado.
8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y La Verdad no está en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, Él es Fiel y Justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. 10 Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a Él mentiroso y Su Palabra no está en nosotros.
Caminar en la Luz significa honestidad, confesión y limpieza continua por la Sangre del Cordero.
EFESIOS 2:1–10
1 Y Él les dio Vida a ustedes, que estaban muertos en sus delitos y pecados, 2 en los cuales anduvieron en otro tiempo según la Corriente de este Mundo, conforme al Príncipe de la Potestad del Aire, el Espíritu que ahora opera en los Hijos de Desobediencia. 3 Entre ellos también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza Hijos de Ira, lo mismo que los demás.
4 Pero Dios, que es rico en Misericordia, por causa del Gran Amor con que nos amó, 5 aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio Vida juntamente con Cristo (por gracia ustedes han sido salvados), 6 y con Él nos resucitó y con Él nos sentó en los Lugares Celestiales en Cristo Jesús, 7 a fin de poder mostrar en los Siglos Venideros las Sobreabundantes Riquezas de Su Gracia por Su Bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
8 Porque por Gracia ustedes han sido salvados por medio de la Fe, y esto no procede de ustedes, sino que es Don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.
La Luz de la Gracia nos saca de la muerte y nos pone a andar en obras preparadas por Dios.
EFESIOS 5:8–14
8 Porque antes eran tinieblas, pero ahora son Luz en el Señor; anden como hijos de Luz 9 (porque el fruto de la Luz consiste en toda bondad, justicia y verdad), 10 examinando qué es lo que agrada al Señor. 11 No participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien desenmascárenlas… 14 Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo».
La identidad (hijos de Luz) determina la conducta (andar en Luz).
EFESIOS 6:10–20
10 Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el Poder de su Fuerza. 11 Revístanse con toda la Armadura de Dios para que puedan estar Firmes contra las Insidias del Diablo. 12 Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra Principados, contra Potestades, contra los Poderes de este Mundo de Tinieblas, contra las Fuerzas Espirituales de Maldad en las Regiones Celestes. 13 Por tanto, tomen toda la Armadura de Dios, para que puedan resistir en el Día Malo, y habiéndolo hecho todo, estar Firmes. 14 Estén, pues, Firmes, Ceñida su Cintura con La Verdad, Revestidos con la Coraza de la Justicia, 15 y Calzados los Pies con la Preparación para Anunciar el Evangelio de La Paz. 16 Sobre todo, tomen el Escudo de la Fe con el que podrán apagar todos los Dardos Encendidos del Maligno. 17 Tomen también el Casco de la Salvación, y la Espada del Espíritu que es La Palabra de Dios. 18 Con toda oración y súplica oren en todo tiempo en el Espíritu… 19 Oren también por mí… 20 por el cual soy Embajador en Cadenas…
La Luz también equipa: la Armadura de Dios nos hace firmes en medio de tinieblas espirituales.
ZACARÍAS 4:6
«No por el poder ni por la fuerza, sino por Mi Espíritu», dice el Señor de los Ejércitos.
La fuente de toda victoria es el Espíritu Santo; no nuestros recursos.
2 CORINTIOS 10:3–6
3 Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne. 4 Porque las Armas de nuestra Contienda no son carnales, sino Poderosas en Dios para la Destrucción de Fortalezas; 5 destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el Conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la Obediencia de Cristo, 6 y estando preparados para castigar toda desobediencia cuando la obediencia de ustedes sea completa.
La batalla de la mente se libra con armas espirituales y obediencia a Cristo.
HECHOS 19:17–20
17 Supieron esto todos los habitantes de Éfeso… 18 muchos… venían confesando… 19 muchos… quemaban sus libros de magia… 20 Así crecía poderosamente y prevalecía La Palabra del Señor.
La Luz verdadera produce frutos visibles de arrepentimiento y consagración.
1 JUAN 2:15–17 — COMPARE GÉNESIS 3:1–7
15 No amen al mundo ni las cosas que están en el mundo… 16 la pasión de la carne, la pasión de los ojos, y la arrogancia de la vida… 17 el que hace la Voluntad de Dios permanece para siempre.
La misma triple tentación del Edén sigue activa; la Luz nos enseña a vencer amando la Voluntad del Padre.
1 SAMUEL 17:45–47
«La batalla es del Señor… para que toda la tierra sepa que hay Dios en Israel».
En el conflicto, la Luz de la Gloria de Dios es el fin supremo: que Él sea conocido.
1 PEDRO 5:6–11
Humíllense… sean sobrios… resistan firmes en la fe… el Dios de toda Gracia… los perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá.
La Luz nos forma en humildad y perseverancia bajo la mano de Dios.
2 PEDRO 1:3–11
Su Divino Poder nos concedió todo lo que concierne a la vida y a la piedad… añadan a su fe virtud… conocimiento… dominio propio… perseverancia… piedad… fraternidad… amor… Así… harán firme su llamado y elección.
La Luz no estanca: impulsa crecimiento en carácter semejante a Cristo.
HECHOS 26:18
«Para que abras sus ojos, a fin de que se vuelvan de las tinieblas a la Luz, y del dominio de Satanás a Dios…»
La misión es ocular: Dios usa el Evangelio para abrir ojos y trasladar personas a Su Reino.
HEBREOS 12:1–2; 28–29
Corramos con paciencia… puestos los ojos en Jesús… Recibimos un Reino inconmovible; ofrezcamos a Dios servicio aceptable con temor y reverencia; 29 porque nuestro Dios es Fuego Consumidor.
La Luz fija nuestra mirada en Jesús y nos hace inconmovibles.
ROMANOS 12:1–2
Presenten sus cuerpos como sacrificio vivo… no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente…
La Luz transforma el culto diario y la mente para discernir la Voluntad de Dios.
HEBREOS 13:8–9
Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. No se dejen llevar por doctrinas diversas y extrañas…
La estabilidad frente al engaño viene de fijarnos en el Cristo inmutable.
JOSUÉ 24:14–15
«Escojan hoy a quién han de servir… Pero yo y mi casa, serviremos al Señor».
La Luz exige decisión: adoración exclusiva al Señor.
ECLESIASTÉS 10:1
Las moscas muertas… Un poco de insensatez pesa más que la sabiduría y el honor.
La Luz nos llama a la prudencia: pequeñas necedades pueden echar a perder buen testimonio.
OSEAS 4:6
«Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento… has rechazado el conocimiento…»
La Luz se recibe y se cultiva: despreciarla trae ruina.
LEVÍTICO 19:26–28; 31 — LEVÍTICO 20:6–8 — DEUTERONOMIO 18:9–14; 4:15–18
No se vuelvan a adivinos ni espiritistas… no se hagan tatuajes con fines idolátricos… no practiquen hechicería ni consulten a los muertos… no hagan imágenes para postrarse ante ellas…
La Luz nos separa de toda práctica oculta e idolátrica y nos consagra como templo de Dios.
ROMANOS 13:11–14
Ya es hora de despertarse del sueño… desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la Luz… vístanse del Señor Jesucristo.
La Luz despierta, disciplina y reviste de Cristo.
2 CORINTIOS 6:14–18; 7:1
¿Qué comunión la Luz con las tinieblas?… Salgan de en medio de ellos… limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
La Luz demanda separación del pecado y santidad creciente.
DEUTERONOMIO 4:35–40
Reconoce… que el Señor es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra; no hay otro… guarda Sus mandamientos… para que te vaya bien.
La Luz verdadera nos vuelve obedientes al Dios único.
LEAN 2 REYES 21 Y 2 CRÓNICAS 33
(Manasés y su arrepentimiento; advertencia y esperanza).
Estos relatos muestran cómo la idolatría oscurece y cómo el arrepentimiento restaura. La Luz nos llama a aprender de la historia y a volver al Señor.
MIQUEAS 5:10–15
«Exterminaré tus hechicerías… tus imágenes talladas… y con ira y furor tomaré venganza de las naciones que no obedecieron».
La Luz también juzga: Dios quita todo lo que compite con Su Gloria.
1 PEDRO 2:9
«Pueblo adquirido… para que anuncien las virtudes de Aquel que los llamó de las tinieblas a Su Luz admirable».
El fin de todo este obrar es la proclamación de Su Luz admirable.
1 JUAN 2:28–29; 3:1–3
Permanezcan en Él… ahora somos hijos de Dios… cuando Él se manifieste… seremos semejantes a Él… y todo el que tiene esta esperanza… se purifica, así como Él es puro.
La Luz de la esperanza futura nos purifica en el presente.
APOCALIPSIS 21:5–8
«Yo hago nuevas todas las cosas… Yo soy el Alfa y la Omega… Al que tiene sed, Yo le daré gratuitamente de la Fuente del Agua de la Vida… El vencedor heredará estas cosas… Pero los cobardes e incrédulos… tendrán su herencia en el Lago que arde con fuego y azufre».
La Luz promete herencia al vencedor y advierte juicio al que persevera en tinieblas.
APOCALIPSIS 22:12–21
«Yo vengo pronto, y Mi recompensa está conmigo… Bienaventurados los que lavan sus vestiduras…» «El Espíritu y la Esposa dicen: “Ven”… y el que desee, que tome gratuitamente del Agua de la Vida…» «Sí, vengo pronto». Amén. Ven, Señor Jesús. La gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén.
La última palabra de la Escritura es una invitación: venir a la Luz, beber y esperar a Cristo con vestiduras limpias.
Aplicación final
Recibe la Luz de Cristo por la fe, confiesa tus pecados, camina cada día como hijo de Luz, pelea armado con la Verdad y el Evangelio, sepárate de lo que contamina y sirve al Señor con un corazón indiviso. Hoy es el Día de Salvación; mañana puede ser tarde. ¡Ven a la Luz admirable de Jesucristo!
Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
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